miércoles, 6 de septiembre de 2017
Goodbye Mr. Black
Lo miré,
no pronuncié palabra alguna,
él lo sabía,
el mundo había dado suficientes vueltas,
y nosotros por fin nos dimos cuenta que estábamos dentro de él.
Lo miré y ese fue el adiós.
Instante
Desabotonaba mi alma,
y así con paciencia y a besos,
a mordidas,
arrancó todas las grietas
de mi corazón.
y así con paciencia y a besos,
a mordidas,
arrancó todas las grietas
de mi corazón.
martes, 5 de septiembre de 2017
Despójame
Despójame de cada mala pisada, le suplicaba,
enamórame el alma,
que puedo escurrirme entre tus dedos
si me miras de nuevo así,
así como sabes mirarme.
Atrapa mi cintura y hazme bailar
cualquier canción que me susurres,
que yo olvide el mundo,
donde estamos,
mi norte y mi sur,
que nosotros somos eternos,
un círculo vicioso,
sin inicio,
sin final.
Arráncame a lamidas los demonios,
los miedos,
la pesadilla de despertar mañana.
Despójame de todo, pero quédate,
quédate tú que eres mi casa.
enamórame el alma,
que puedo escurrirme entre tus dedos
si me miras de nuevo así,
así como sabes mirarme.
Atrapa mi cintura y hazme bailar
cualquier canción que me susurres,
que yo olvide el mundo,
donde estamos,
mi norte y mi sur,
que nosotros somos eternos,
un círculo vicioso,
sin inicio,
sin final.
Arráncame a lamidas los demonios,
los miedos,
la pesadilla de despertar mañana.
Despójame de todo, pero quédate,
quédate tú que eres mi casa.
lunes, 4 de septiembre de 2017
Encuentro
Nos volvíamos a ver, había pasado ya mucho tiempo desde la última vez que hablamos. Yo llevaba labios rojos y él su habitual caminar calmado, como si fuera el mundo quien le siguiera los pasos.
Era una noche de verano, él traía a sus amigos y yo a los míos. Aprovechamos que era cumpleaños de uno de ellos para juntarnos a tomar algo, fumar unos cigarros, escuchar música y conversar.
Nosotros éramos los que nunca fuimos pero estábamos ahí, frente a frente, entre la medio-alegría del cumpleaños, mirándonos de reojo. Yo sentía que él era como un gato huraño al que yo había lastimado. Ciertamente me moría por abrazarle, por curar sus heridas, por devolverle el amor que nunca pudo ser entre nosotros, el amor que nos desencontraba, que siempre nos ponía en el sitio equivocado, siempre impuntuales en la vida del otro.
Tomé una silla y me arrodillé en ella, mis manos tocaban el espaldar de la silla y le miraba como una niña curiosa, traviesa, ansiosa por saber de su vida . Hablábamos a centímetros, él estaba muy cerca a mi, me miraba extrañado, pero con las mismas ganas impetuosas que yo tenía de besarle. Y todo transcurría como si todas las distancias que habíamos puesto antes entre nosotros se hubieran esfumado. Era la noche en la que por fin el destino nos juntó. Conversábamos de la música, de la colección de latas de cerveza que tenía exhibiendo en su pared nuestro amigo cumpleañero, de F que estaba recostado en la ventana, del whisky y el ron, de sus ojos de peluche y de los mío de uva.
Nos perdimos de todos, de la bulla, del rock, y nos encontramos solo los dos en un universo que hoy era solo nuestro, por fin algo era nuestro y no era triste. Él me había encontrado y yo me había dejado encontrar.
Hace un tiempo atrás yo había tomado valor y le había robado un beso, beso que luego él me devolvió y multiplicó en miles, tantos que no los pude contar. Aún así siempre nos despedimos, siempre no podía ser. Pero esa noche era distinta, yo tenía el valor para robarle otro beso, el tenía valor para dejárselo robar, no esperó, y luego de tratar de leer sus ojos, acercó su rostro al mío, y me robó un respiro, se quedó con mi corazón.
Nosotros habíamos esperado tanto y teníamos siempre tan poco tiempo que no nos quisimos dejar ir. Pero me quedé dormida luego de sus besos y conversar de la vida, de nosotros, de todo lo que no había sido y ahora era.
Desperté y aún era de madrugada, él estaba mirándome, fijo, tierno, con esa ternura que solo yo conocía de él. No le pregunté nada, no pronuncié palabra, él había entendido, nos necesitábamos, tanto como los peces al agua, tanto como nuestras canciones.
Y me descubrió, despojó de mi no solo mi ropa, sino cualquier "pero" y cualquier "no". Sus manos eran tibias, sutiles, tiernas. Yo recorría su rostro con mis manos, y conocí cada recoveco suyo, cada espacio que nunca antes había tocado. Y en ese momento el tiempo se nos olvidó, así como el cumpleañero, el whisky y los cigarros.
Por fin no existían los relojes, las excusas ni los permisos
Éramos, por fin, éramos (así en plural) y sin embargo fuimos uno. Él y yo nos merecíamos, siempre nos merecimos ese momento, esa cantidad industrial de amor, la fortuna de tenernos, de reconocernos en el otro y empezarnos de nuevo.
Amaneció y estábamos juntos, sumidos en la paz que da el amor después del amor. Ahora, por fin, no existían más los desencuentros, eran suyas todas las letras de mi nombre. Dejó su guitarra, pero hizo conmigo una canción.
(Image by Pilar rubio flickr)
Era una noche de verano, él traía a sus amigos y yo a los míos. Aprovechamos que era cumpleaños de uno de ellos para juntarnos a tomar algo, fumar unos cigarros, escuchar música y conversar.
Nosotros éramos los que nunca fuimos pero estábamos ahí, frente a frente, entre la medio-alegría del cumpleaños, mirándonos de reojo. Yo sentía que él era como un gato huraño al que yo había lastimado. Ciertamente me moría por abrazarle, por curar sus heridas, por devolverle el amor que nunca pudo ser entre nosotros, el amor que nos desencontraba, que siempre nos ponía en el sitio equivocado, siempre impuntuales en la vida del otro.
Tomé una silla y me arrodillé en ella, mis manos tocaban el espaldar de la silla y le miraba como una niña curiosa, traviesa, ansiosa por saber de su vida . Hablábamos a centímetros, él estaba muy cerca a mi, me miraba extrañado, pero con las mismas ganas impetuosas que yo tenía de besarle. Y todo transcurría como si todas las distancias que habíamos puesto antes entre nosotros se hubieran esfumado. Era la noche en la que por fin el destino nos juntó. Conversábamos de la música, de la colección de latas de cerveza que tenía exhibiendo en su pared nuestro amigo cumpleañero, de F que estaba recostado en la ventana, del whisky y el ron, de sus ojos de peluche y de los mío de uva.
Nos perdimos de todos, de la bulla, del rock, y nos encontramos solo los dos en un universo que hoy era solo nuestro, por fin algo era nuestro y no era triste. Él me había encontrado y yo me había dejado encontrar.
Hace un tiempo atrás yo había tomado valor y le había robado un beso, beso que luego él me devolvió y multiplicó en miles, tantos que no los pude contar. Aún así siempre nos despedimos, siempre no podía ser. Pero esa noche era distinta, yo tenía el valor para robarle otro beso, el tenía valor para dejárselo robar, no esperó, y luego de tratar de leer sus ojos, acercó su rostro al mío, y me robó un respiro, se quedó con mi corazón.
Nosotros habíamos esperado tanto y teníamos siempre tan poco tiempo que no nos quisimos dejar ir. Pero me quedé dormida luego de sus besos y conversar de la vida, de nosotros, de todo lo que no había sido y ahora era.
Desperté y aún era de madrugada, él estaba mirándome, fijo, tierno, con esa ternura que solo yo conocía de él. No le pregunté nada, no pronuncié palabra, él había entendido, nos necesitábamos, tanto como los peces al agua, tanto como nuestras canciones.
Y me descubrió, despojó de mi no solo mi ropa, sino cualquier "pero" y cualquier "no". Sus manos eran tibias, sutiles, tiernas. Yo recorría su rostro con mis manos, y conocí cada recoveco suyo, cada espacio que nunca antes había tocado. Y en ese momento el tiempo se nos olvidó, así como el cumpleañero, el whisky y los cigarros.
Por fin no existían los relojes, las excusas ni los permisos
Éramos, por fin, éramos (así en plural) y sin embargo fuimos uno. Él y yo nos merecíamos, siempre nos merecimos ese momento, esa cantidad industrial de amor, la fortuna de tenernos, de reconocernos en el otro y empezarnos de nuevo.
Amaneció y estábamos juntos, sumidos en la paz que da el amor después del amor. Ahora, por fin, no existían más los desencuentros, eran suyas todas las letras de mi nombre. Dejó su guitarra, pero hizo conmigo una canción.
(Image by Pilar rubio flickr)
viernes, 11 de agosto de 2017
Shhh
A
ve
ces
Solo
dan
ga
nas
de
GRITAR
GRI-TAR
G/R/I/T/A/R
Y suena retumbante el
SILENCIO
SI-LEN-CIO
Becquer y tú
Siempre vuelves, como las golondrinas.
De repente te gustaba Becquer y no me llegaste a contar.
De repente te gustaba Becquer y no me llegaste a contar.
"Pero aquellas que el vuelo refrenaba
Tu hermosura y mi dicha al contemplar,
Aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡Esas…no volverán!"
Ese día
El día en el que le compartí mi playlist supe que me había enamorado de él.
...
Estábamos listos para compartir la vida (que siempre es una canción).
...
Estábamos listos para compartir la vida (que siempre es una canción).
sábado, 29 de julio de 2017
Cobarde
Ya está,
lo había hecho,
había roto de golpe
el acuerdo de paz.
Lo había hecho,
no le bastaba
haberme desentrañado
el corazón.
Había logrado nuevamente
lanzar preguntas al aire
camufladas como misiles,
fusilar mi reducido
y querido espacio
"sin él".
Como siempre, inicias guerras
pero no te quedas para acabarlas,
ni para ganar ni para perder.
Lo había hecho,
era demasiado bueno
para ser cierto,
para ser valiente,
para tocar el timbre
y no salir corriendo.
lo había hecho,
había roto de golpe
el acuerdo de paz.
Lo había hecho,
no le bastaba
haberme desentrañado
el corazón.
Había logrado nuevamente
lanzar preguntas al aire
camufladas como misiles,
fusilar mi reducido
y querido espacio
"sin él".
Como siempre, inicias guerras
pero no te quedas para acabarlas,
ni para ganar ni para perder.
Lo había hecho,
era demasiado bueno
para ser cierto,
para ser valiente,
para tocar el timbre
y no salir corriendo.
domingo, 9 de julio de 2017
Taquicardia
De tiempo en tiempo volvía tu olor a chocolate : embriagador, nocivo, fulminante.
No se si me había ya acostumbrado a poner el corazón en el bolsillo, a asumirte callada y cabizbaja...
Pero no, nunca fui una mujer de costumbres, más bien, le huí a todas, pero nunca a los problemas. Ciertamente siempre escogí bien mis peleas, mejor aún, a mis enemigos. Tú como siempre vas más allá de todo eso, tú eres unos puntos suspensivos en mi mente.
Y aqui estoy, trasnochada, temblorosa, con el corazón que baila un tango, siempre melancólico, abandonado a esta mala suerte, a esta conspiración cósmica que nos encuentra a destiempo, que te transporta a mi vera y que me puede tanto como una mañana soleada, como el aroma de la casa de mi abuela. Aquí estás, tan vivo, tan distinto, que dueles, que el pecho me salta de tal forma que puedo escucharlo, que tiemblo, que me reconozco viva entre los despojos de ti.
Respiro,
Te miro,
No eres tú, es la nostalgia y una tonta taquicardia.
No se si me había ya acostumbrado a poner el corazón en el bolsillo, a asumirte callada y cabizbaja...
Pero no, nunca fui una mujer de costumbres, más bien, le huí a todas, pero nunca a los problemas. Ciertamente siempre escogí bien mis peleas, mejor aún, a mis enemigos. Tú como siempre vas más allá de todo eso, tú eres unos puntos suspensivos en mi mente.
Y aqui estoy, trasnochada, temblorosa, con el corazón que baila un tango, siempre melancólico, abandonado a esta mala suerte, a esta conspiración cósmica que nos encuentra a destiempo, que te transporta a mi vera y que me puede tanto como una mañana soleada, como el aroma de la casa de mi abuela. Aquí estás, tan vivo, tan distinto, que dueles, que el pecho me salta de tal forma que puedo escucharlo, que tiemblo, que me reconozco viva entre los despojos de ti.
Respiro,
Te miro,
No eres tú, es la nostalgia y una tonta taquicardia.
sábado, 11 de marzo de 2017
El alma de una foto
Habia encontrado una foto tuya
Y me di cuenta lo perdida que estaba.
Es extraño como puede habérseme grabado
(Cual tatuaje) ese gracioso gesto tuyo
De cuando el sol te acompaña.
Me quede mirando la foto,
Un poco con miedo, un poco con recelo.
Veía a las personas que te acompañaban
Para mirarte de reojo, tal y como si te hubiese
Visto, no sé, digamos en Javier Prado, un lunes
Por la mañana.
Los ojos esforzadísimos por no cerrarse,
El desparpajo con el que siempre me ha parecido que te comes el mundo.
La ternura que, quiero creer, tuve la primicia de disfrutar.
Busqué tus manos con la desesperación con la que busco mi cama todas las madrugadas, con la misma con la que abro un libro nuevo, la misma con la que corro al balcón cuando llueve para poder oler la tierra mojada. Ahí estaban, blancas, casi perfectas... de pronto, un flashback, un recorrido sensorial de todo lo que esas manos hicieron en mi vida. Soy arcilla, soy vapor, soy arena.
Pienso que no he encontrado una foto tuya,
Siempre tengo los negativos de tu alma.
Los pequeños recovecos de tu ser, tu lado mas
Sórdido, tus aventuras mas bizarras,
Tu descontrol, tus mejores besos,
Tus buenas madrugadas,
Lo que temes,
Lo que amas,
Tu música preferida debajo de mi almohada.
Había encontrado una foto tuya, y si,
Me di cuenta lo perdida que estaba.
Y me di cuenta lo perdida que estaba.
Es extraño como puede habérseme grabado
(Cual tatuaje) ese gracioso gesto tuyo
De cuando el sol te acompaña.
Me quede mirando la foto,
Un poco con miedo, un poco con recelo.
Veía a las personas que te acompañaban
Para mirarte de reojo, tal y como si te hubiese
Visto, no sé, digamos en Javier Prado, un lunes
Por la mañana.
Los ojos esforzadísimos por no cerrarse,
El desparpajo con el que siempre me ha parecido que te comes el mundo.
La ternura que, quiero creer, tuve la primicia de disfrutar.
Busqué tus manos con la desesperación con la que busco mi cama todas las madrugadas, con la misma con la que abro un libro nuevo, la misma con la que corro al balcón cuando llueve para poder oler la tierra mojada. Ahí estaban, blancas, casi perfectas... de pronto, un flashback, un recorrido sensorial de todo lo que esas manos hicieron en mi vida. Soy arcilla, soy vapor, soy arena.
Pienso que no he encontrado una foto tuya,
Siempre tengo los negativos de tu alma.
Los pequeños recovecos de tu ser, tu lado mas
Sórdido, tus aventuras mas bizarras,
Tu descontrol, tus mejores besos,
Tus buenas madrugadas,
Lo que temes,
Lo que amas,
Tu música preferida debajo de mi almohada.
Había encontrado una foto tuya, y si,
Me di cuenta lo perdida que estaba.
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